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Derrota de Trump no altera la política de América Latina

A pesar de la pérdida republicana en las elecciones de medio término, los incentivos partidarios, institucionales y estratégicos que sustentan la Doctrina Donroe siguen vigentes, por lo que la agenda de Washington en la región probablemente continúe e incluso se profundice.

Sabado, 7 de Noviembre de 2026
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La victoria de los demócratas en las elecciones de medio término de EE. UU. dejó al Congreso bajo control republicano y a Donald Trump sin mayoría legislativa, lo que reduce su margen de maniobra en política exterior, pero no implica un giro en la política de Estados Unidos hacia América Latina.

¿Cuánto incidirá este escenario en el margen de maniobra internacional de Trump? En materia comercial, la nueva Cámara podrá revisar la política arancelaria y la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC), que el expresidente había rechazado renovar.

El cambio más significativo podría producirse en Medio Oriente. Según encuestas de boca de urna, tres de cada cuatro votantes consideraron la guerra con Irán como factor importante y un 62 % la calificó de error. En septiembre, un intento de poner fin a la ofensiva militar fracasó en el Senado por apenas dos votos, una diferencia que la nueva mayoría podría revertir.

La derrota también reconfigura la disputa interna entre facciones republicanas. Por un lado, los “primacistas”, que defienden un liderazgo global y una presencia militar firme, citan a Marco Rubio, el senador Tom Cotton y al escritor Mark Levin. Por otro, los “restrainers”, núcleo duro del movimiento MAGA, incluyen al vicepresidente JD Vance, al gurú alt‑right Steve Bannon y al comunicador Tucker Carlson, y abogan por terminar con guerras lejanas y concentrar recursos en la rivalidad con China.

En esa disputa, el resultado electoral parece favorecer a los restrainers. Al día siguiente de la elección, Vance escribió en X que la razón de la derrota era “obvia para casi todos” y citó una encuesta que ubicaba el fin de la guerra como condición clave para recuperar votantes perdidos.

Sin embargo, que se espere un giro en Medio Oriente no implica que la política latinoamericana cambie. Cuatro factores mantienen la Doctrina Donroe –reedición del principio de Monroe– en pie: el margen personal de Trump, la alineación partidaria, la inercia institucional y la estrategia estratégica contra China.

En primer lugar, Trump conserva herramientas de coerción que no requieren aval legislativo, como aranceles ya impuestos a casi 20 países de la región y la revocación de visas a dirigentes como el expresidente colombiano Gustavo Petro, el expresidente costarricense Óscar Arias y jueces de la Corte Suprema brasileña.

En segundo lugar, ambas facciones republicanas coinciden en una visión intervencionista de América Latina. Steve Bannon llegó a reclamar que Washington rompa relaciones diplomáticas y comerciales con regímenes que califique de “marxistas”.

En tercer lugar, la estrategia estadounidense se diseña en gran medida desde el Comando Sur, que ha convertido la lucha contra el narcotráfico en una guerra contra el “narcoterrorismo” y ha elevado la amenaza china en sus informes al Congreso, pasando de cuatro menciones en 2015 a 78 en 2024.

Por último, la reedición de la Doctrina Monroe trasciende a Trump y al MAGA; su objetivo es restringir la presencia china en puertos, IA, infraestructura crítica, energía y minerales. Ese consenso persiste, como lo demuestra la continuidad de aranceles contra Beijing bajo la administración de Joe Biden.

En el Congreso, iniciativas bipartidarias como la resolución de la demócrata Jeanne Shaheen y el republicano Ted Budd buscan contrarrestar la influencia china en la región, lo que indica que, gane quien gane en 2028, la competencia con China seguirá marcando la política latinoamericana.

En definitiva, la paliza electoral puede recortar el margen de maniobra de Trump en Medio Oriente o en materia comercial, pero en América Latina operan incentivos individuales, partidarios, institucionales y estratégicos que apuntan a la continuidad –y posible profundización– de la Doctrina Donroe. Los gobiernos latinoamericanos deberían planificar los próximos dos años sin contar con un repliegue de Washington en la región.

*El autor es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de San Martín e investigador del CONICET

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